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lunes, 17 de mayo de 2010

En busca de la “marca-país”


Innumerables las cantidades de marcas de productos que han colapsado al poco tiempo de ser lanzados al mercado.

La creación de estas obedece a una serie de técnicas en la gestión de marketing. No obstante, la estructuración de una marca país como de cualquier otra marca no es un hecho meramente creativo y de gestión, es mucho más complejo de lo que puede ser para un producto cualquiera, no solo por el tiempo que conlleva, sino por los elementos a tomar en consideración en la construcción lógica del proyecto. El Presidente Leonel Fernández ha puesto especial atención en este tema, dado el componente estratégico que conlleva para el país la posibilidad de poseer una marca que lo identifique y diferencie en un mundo tan competitivo, que pueda servir de paraguas para los productos criollos (turísticos, ciudades, industriales y servicios), donde las ventajas relativas y comparativas por país han tenido que ser bien definidas para poder posibilitar la inserción en los mercados mundiales.

Es interesante el papel de promotor que realiza el Estado. De hecho, debe ser su función por el tipo de modelo económico aplicado en el país: un Estado que disponga políticas y facilidades con un alto grado de conciencia sistémica. Es vital que las instituciones lo entiendan y valoren. Asimismo, deben entenderlo y defenderlo los sectores que se beneficiarían de la iniciativa, ya que la marca país no descansaría necesariamente en los hombros de la administración del Poder Ejecutivo de turno. De hecho los tres poderes del Estado deben estar conscientes, por las implicaciones, de la percepción del país en el exterior, y de igual forma deben asimilarlo los partidos políticos, que deberían tomar en cuenta la forma de hacer política al momento de evacuar declaraciones temerarias, la práctica de reformas inmediatistas e intentos de influir en las instituciones que tendrían repercusión más allá de las fronteras nacionales.

Se ha venido trabajando en la conformación de los clusters sectoriales e intersectoriales como forma de ir creando consciencia de la competitividad industrial y a la vez ir empoderando en los sectores económicos sobre la marca, de manera que se pueda autosostener en el tiempo. Asimismo, se ha realizado un inventario de actividades culturales.

Todo esto que se ha venido realizando es importante, pero puede fracasar si no se tiene en consideración el elemento sustancial de un proyecto de esta envergadura: la identidad cultural o la identidad nacional. Incontables son las páginas que se han llenado debatiendo cuales rasgos definen la dominicanidad: desde los que defienden el legado hispánico, los africanistas, indigenistas y la influencia que ejercen más de dos millones de dominicanos y dominicanas que viven en los Estados Unidos, todo esto sumado al hecho de que somos una isla abierta.

Definir nuestra identidad cultural o nacional es el punto negro en el proyecto y debe ser aclarado o por lo menos aproximado. La creación de los clusters es una de las variables dentro de la arquitectura de una marca país, pero es fundamental que se despejen esos rasgos intrínsecos y que de momento se ven como los plasmaría un pintor expresionista, de manera difusa. Creo de vital importancia la incorporación de “think tanks”, tratadistas, estudiosos del tema en discusión, seguro que el Presidente Fernández entenderá la propuesta. Debe comenzarse a realizar los estudios que permitan identificar los rasgos comunes por regiones, por provincia, por barrios, de lo contrario cualquier intento por crear la marca país o marcas ciudades y regionales estarían determinadas también por el fracaso. Encontrar la madeja que nos define como dominicanos es la tarea principal.

Es que la cultura, así como la economía, resiste amplios análisis, y dada la amplitud de ambas sería importante intentar interrelacionarlas como forma de que puedan aportar un mayor desarrollo humano.

La identidad cultural o la identidad nacional es lo que vendemos al mundo. Es erróneo considerar que ser global es asumir una cultura global en sí mismo.

La globalización es un proceso y lo único que nos mantiene dentro del mundo globalizado es el comercio y la tecnología, en específico los medios electrónicos. Samuel Huntington planteó que la identidad cultural es el factor fundamental que determina las asociaciones o antagonismos de un país.

Asevera, que la pregunta frecuente será: ¿quién eres? La identidad cultural define de qué lado estás en la política global.

La creación de una marca en el caso de un país no es un instrumento meramente comercial. Puede ser un instrumento de relaciones exteriores con el cual se pueden afrontar crisis que puedan afectar nuestra imagen exterior e interior, entre otras cosas.

Es por ello, que el Ministerio de Relaciones Exteriores juega un papel importante, como también lo juegan los medios de comunicación. Estos no son proyectos de corto plazo. Por el contrario, es el tiempo, junto a estrategias de marketing consistentes y la disposición de políticas honestas, las que posibilitan el fortalecimiento del elemento ponderado, llegando a tener una personalidad única como principal activo, con valor económico superior al producto que representa, en este caso la República Dominicana.

La marca debe ser una herramienta de conquista de mercados y actitudes hacia un país. Ayuda a reforzar la manera en que el mundo percibe a los ciudadanos, instituciones y productos de ese territorio geográfico a través de atributos positivos. También puede aglutinar el sentimiento de pertenencia a lo interno, de modo que podamos encaminarnos hacia el objetivo común, o mejor, nuestro bien común: el proyecto de nación anhelado.
Publicado en el periódico HOY del 16 de mayo 2010.

miércoles, 14 de octubre de 2009

¿Por qué una marca local o marca lugar?




¿Por qué una marca local o marca lugar?

Dentro de una ciudad existen diversos espacios con características particulares, que bien gestionados pueden convertirse en lugares altamente rentables, pudiendo manejarse como marcas diferenciadas, potenciando atributos que representan ventajas competitivas con relación a otros puntos en el propio ámbito geográfico, o en otros, incentivando de esta manera el aumento del tráfico de personas, lo que incrementa las probabilidades de compra o el uso de este.

Esos espacios pueden ser posicionados como lugares de ocio, compras, negocios y esparcimiento cultural, o como una mezcla de varios de estos atributos.
¿Cual es el objetivo de la marca local o marca lugar? Convertirse en la mente de los consumidores en la vía más rápida y efectiva al momento de decidir hacer sus compras, realizar sus negocios y buscar alternativas culturales o de ocio.

La marca local –o marca lugar- debe buscar no dejar que la visita de los consumidores esté determinada por una actitud de inercia por parte de ellos, si no que sea a través de una constrastación de las ofertas, o porque existe en dichos espacios algo que satisfaga sus necesidades.

La Avenida Mella, por ejemplo, ha sido desde siempre una de las arterias comerciales por excelencia de Santo Domingo, por la cantidad de negocios y el histórico dinamismo económico de dicha vía. Sin embargo, en los últimos años ha venido experimentando un decrecimiento en el flujo de personas con poder de compra, que pudieran garantizar transacciones significativas para la mayoría de establecimientos de la famosa avenida capitalina.

Vemos como apenas en dos cuadras, una distante de la otra, se concentra la mayor actividad comercial de la Mella, lo que no incita a los consumidores a recorrerla en su totalidad, debido a que la oferta en el trayecto resulta de poco atractivo. No existe, en consecuencia, una distribución de la oferta que pudiera provocar la búsqueda de opciones, aumentando así la posibilidad de que las demás tiendas puedan realizar transacciones de cierto impacto.

Ese par de cuadras que concentra la mayor actividad económica de la mítica Avenida Mella son las pertenecientes al Mercado Modelo, patrimonio casi exclusivo de turistas extranjeros, y en la que se encuentra ubicada La Sirena, reino de los visitantes que necesitan menudear en sus compras.

A través de la marca local o marca lugar es posible lograr que los actores que generan la dinámica económica unifiquen un posicionamiento que ameritan sus espacios comerciales, por la vía de la creación de una identidad. Además, pueden estructurar y regular la oferta y el tipo de negocio que se instale, de modo que enriquezca la oferta y no les afecte a largo plazo la imagen que desean proyectar, lo cual pudiese provocar una disminución de la frecuencia de visitas, lo que se traduciría en una menor cantidad de posibilidades comerciales.

Para lograr estos objetivos es preciso que los comerciantes se conciban como una unidad, agrupándose para organizar estrategias favorables, luego de haber definido una identidad. Es necesario entender que los consumidores-ciudadanos no se les venden productos, más bien actúan como compradores conscientes y no como ‘conejillos de indias’, dada la gran cantidad de información, publicidad y opciones que les presenta el mercado.